Dos personas fallecidas, un menor rescatado y agresiones de vecinos. Bomberos de la Séptima Compañía de Puente Alto vivieron uno de los episodios más intensos, marcando sus vidas para siempre.

Esta semana, un voraz incendio afectó a una vivienda ubicada en la calle Los Toros, en la comuna de Puente Alto. El fatal siniestro cobró la vida de dos adultos mayores, dueños de la vivienda: ella se encontraba postrada, él no quiso dejarla sola.

Un tercer integrante se encontraba al momento del incendio, el nieto de la pareja, quien tiene sólo 10 años. Según relataron testigos, fue su abuelo quien le dijo al menor “que se dirigiera al fondo de la casa, que se ocultara en el fondo, y gracias a ello pudo salvar con vida”.

El bombero Agustín Bastías Jara fue quien lo rescató. “Los vecinos, desde un segundo piso, nos dijeron que veían a un niño. Nos fuimos por el costado de la casa, rompimos puerta, hasta llegar al patio de atrás. Y nos encontramos con el niño, detrás de una reja y me dice ‘Aquí estoy, tío’. Lo tomo en brazos, le tapo la cabecita con el guante y lo pudimos sacar y ahí me lo reciben los vecinos. Todo eso pasó en tres minutos”.

Tres minutos que lo marcaron para siempre, a él y a su colega. Ambos miembros de la Séptima Compañía Zapadores del Cuerpo de Bomberos de Puente Alto.

Carlos Calderón es cuartelero de la Séptima. También estuvo en el siniestro y cuenta a PALD el intenso momento que enfrentó ese día junto a Agustín.

“Del tiempo que llevo trabajando, nunca había vivido una situación así. Impactante. Ya me había tocado un par de veces ver a personas fallecidas en accidentes, en incendios, pero nunca como lo fue ayer, porque fue todo tan rápido… La gente eufórica, nos intentaron agredir. Nosotros nunca supimos que había gente al interior”, recuerda Calderón sobre el episodio.

“Cuando salió Agustín, lo único a que atiné fue a abrazarlo y llorar juntos… Contención, por lo fuerte que vivimos. Fue un incendio que voy a recordar por el resto de mi vida, como conductor, como bombero”, comenta el cuartelero.

Después, Bastías cuenta que fue a ver al niño: “Me reconoció y me abrazó… fue un abrazo fraterno, y ahí me dijo ‘Gracias’”.

Para ambos, este incendio tuvo un significado diferente. No sólo por el impacto de lo vivido, sino por la presencia del menor, que gatilló diversas emociones para estos bomberos.

“Cuando nos dijeron que había un niño… ahí fue terrible, porque yo perdí a cuatro primos en un incendio en la comuna de San Bernardo. Todo eso me hizo recordar lo que pasaron mis familiares en ese momento. Entonces, cuando terminó, no pudimos aguantar la emoción, el llanto”, explica Camilo.

Por su parte, Agustín menciona que “uno como bombero no está preparado para enfrentarse con niños. Yo creo que esa es la labor más difícil en un acto de servicio… un niño, para los bomberos, es lo que más choca”.

El tercer comandante del Cuerpo de Bomberos de Puente Alto, Camilo Benavides, lleva 15 años sirviendo a la comunidad, y se suma a las palabras de sus colegas.

“Los bomberos tienen que tratar de dividir dos emociones por las que ellos pasan: lo primero es ponerse en el lugar de las víctimas, porque están enfrentando penumbras, hay tristezas y pena; por otra parte, tienen que enfrentarlo con tranquilidad del buen servicio que prestaron como bomberos y cuartelero”, enfatiza.

AGRESIONES EN LA LABOR

En medio del fatídico incendio fueron agredidos por vecinos. Antes de que Carlos pudiera bajar del carro para colaborar con las labores de rescate, una persona se estaba acercando para pegarle.

“La gente piensa que nosotros volamos. Cuando yo llegué, me estaba tratando de bajar del carro y una persona se acercó para agredirme… y yo quedé como ‘déjeme bajar para darle el agua al bombero’. Es insólito, pasa harto. Al final nunca sabemos por qué nos agreden, pero pasa harto”, comenta sobre todas las veces que le ha tocado enfrentar esas situaciones.

En esa misma línea, Benavides recalca que “es común la agresión en cualquier emergencia en que la gente se ve sobrepasada, pero finalmente, entendemos que las personas pierden sus cabales, sobre todo cuando hay fuego. La gente ve pasar su vida en minutos; pero la población, lo que brinda, es caos”.

VOCACIÓN Y TRADICIÓN

Agustín Bastías tiene 25 años y está cursando el segundo año de la carrera Técnico en enfermería. Actualmente, está trabajando como auxiliar de enfermería en pabellón en el Hospital Sótero del Río. “Comencé en la Salud trabajando en pandemia dos años en la UCI de la Clínica Alemana. Después trabajé ocho meses en la Posta Central, también en pabellón”, cuenta.

Respecto a la labor bomberil, relata que “en la Séptima Compañía llevo tres años, y como bombero, llevo cuatro. Me crie en un Cuartel de Bomberos: mi papá también es bombero, pero de otro cuerpo. Ingresé a la brigada juvenil a los 8 años”.

Comenta que se dedica 24/7 a ser bombero. “Todo mi tiempo libre lo dedico a la bomba. Paso más tiempo acá que en mi casa”. 

Por su parte, Carlos Calderón tiene 26 años. Menciona que en febrero del 2024 cumplirá tres años en la Séptima. Respecto a su motivación para dedicarse a esta labor, comenta que “llevo en el alma el ser voluntario. Uno se enamora, porque es algo tan lindo ayudar a la gente. Poder servir, ser un ciudadano que realmente contribuya con algo bueno para el país. Pocos pueden decir que tienen esa motivación”.

El tercer comandante, Camilo Benavides, tiene 32 años y tiene tres hijos. Es técnico paramédico y también maneja una ambulancia. Está casado hace 10 años, la misma cantidad de años que lleva operativa la compañía ubicada en Elisa Correa.

Sobre su labor y cómo llegó a ella, cuenta a PALD que se trata “de una tradición bomberil: papá bombero, hermano bombero. Yo solamente seguí la línea de bomberos de la familia. Toda mi vida en un cuartel, mi primer casco lo tuve como a los dos años… pero siempre crecí con la figura ligada a los bomberos”. Agrega que dos de sus hijos quieren entrar a una brigada juvenil que podría establecerse en la compañía.

Estos bomberos son parte de muchos otros voluntarios que forman el equipo de la Compañía Zapadores. En el cuartel tienen una mascota, se llama Zapadora, pero todos la llaman Dora, es tratada con mucho cariño por todos los integrantes que se dedican a esta encomiable labor.

Pese al trágico desenlace que tuvo el incendio en Los Toros, estos bomberos se enfocan en la parte positiva del hecho: el menor rescatado. La capacidad de reacción de los voluntarios demuestra el profesionalismo con el que actuaron, ya que se demoraron sólo cuatro minutos en llegar a la vivienda siniestrada.

Vecinos y vecinas de la víctima señalan a Agustín como un héroe. Pero él no se apropia del calificativo y siempre menciona el trabajo y dedicación de sus compañeros, a los que considera hermanos y familia.

Cuando PALD le pregunta qué sintió cuando el pequeño le dio las gracias después de finalizado el accidente. “Orgullo, sobre todo, por dejar en alto en número de mi compañía y haber ayudado… los dos vamos a quedar por el resto de nuestras vidas, recordándonos”, dice.  

Agustín finaliza comentando que quiere “seguir hasta viejito. Es lo que uno espera cuando entra a la institución. La idea es perdurar de aquí hasta que uno no pueda levantar el hacha, como dicen los bomberos. Ese es el sueño de todo el que se dedica a servir”.