Doña Ana Neira afirma que su negocio familiar “Casa Romy”, le ha traído muchas satisfacciones y alegrías en la vida.

En José Luis Coo #0202, justo en la esquina con Santa Elena, se encuentra “Casa Romy”, denominado como el “supermercado de la tela”, en Puente Alto, que ha permanecido por más de 30 años en dicho lugar, un negocio familiar que fue iniciado por Ana Neira Adones, en el que ahora trabaja junto a uno de sus hijos, en el que también ayudan dos de sus queridas nietas.

“Nací en Puente Alto, pero me fui al tiempo a Cartagena, pues mi padre era Carabinero y lo trasladaron a esa localidad”, señala doña Ana. “A los 12 años regresé a la comuna, y a los 15 me casé, fíjese. Conocí a quien es mi marido en una tostaduría en la que trabajaba desde los 9 años, que estaba por Av. Concha y Toro. El venía de una familia de comerciantes, y con el tiempo tuvo su negocio también”, agrega.

Fue así como comenzó ayudando a su esposo en temas de cobranzas, hasta que un día, ya con el pasar de los años, uno de sus hijos que estudiaba sicología en la Universidad por la tarde, le comenta la idea de abrir un local en la comuna. “’Pongamos un negocio mamá, yo lo atiendo en la mañana y tú en la tarde, y te va a ayudar a ti también’, me dijo, Así que lo pensé, y finalmente me instalé con un negocio de ropa de guaguas primero”, cuenta.

Sobre lo mismo, agrega: “a veces pasaba por una tienda de remate de telas, y siempre había tenido las ganas de confeccionar cortinas. El tema es que nunca tuve tiempo, ¡y no le pegaba mucho a la costura tampoco!  Así, se me fueron amontonando, y un día me decidí a traerlas al local para venderlas… ¡y me fue súper bien! Así empezamos con Casa Romy, nombre que le puse por mi primera nieta Romina, la regalona, que ahora ya tiene 34 años pues. ¡Cómo pasa el tiempo!”.

Eso sí, dice que en el lugar donde hoy están llevan 29 años, puesto que se cambiaron a los tres años de donde estaban inicialmente, igualmente en la calle José Luis Coo. Con el tiempo, comenzaron a hacerse de nombre en la comuna, así como de una fiel clientela, sumando a vecinos, así como a emprendedores, instituciones y empresas que compraban sus telas de gran calidad, para insumos de sus negocios.

AÚN EN PIE

La emprendedora recuerda cuando en la comuna existían otras marcas conocidas que se dedicaban a este mismo rubro, como Inaudito, Insólito y Casa Pichara –hoy ya extintas- las que afirma nunca fueron un “riesgo” para su local. Consultada si hoy en día sigue siendo rentable la venta de telas y sus derivados, dice que sí, “es más, durante la pandemia, nos fue muy bien. Gracias a Dios teníamos bastante stock, y se usó mucho la tela para la confección de mascarillas, por ejemplo. En ese sentido, agradezco que no tuvimos que pasar por problemas económicos en esos tiempos complicados, sobre todos los primeros meses”.

Hoy a Doña Ana se le ve feliz, y comenta que, gracias al esfuerzo de su trabajo de años, ha podido viajar, algo que disfruta mucho, yendo dos veces a Israel, siéndola última vez en 2019. “Con mi marido somos muy creyentes, y queríamos conocer las tierras de nuestro Señor. Han sido experiencias maravillosas”, concluye.