La puentealtina es la encarga del comedor municipal de la Villa Diego Portales, desde hace ya más de dos décadas.

Hace más de 20 años que Rosa Acevedo Durán se dedica a tiempo completo a una loable acción social: es la encargada del comedor de la Municipalidad de Puente Alto en la Villa Diego Portales (emplazado en la multicancha del lugar), el cual fue inaugurado por el ex alcalde Manuel José Ossandón, en el cual la mujer entrega diariamente almuerzos a personas en situación de calle y  familias vulnerables.

Nacida y criada en Puente Alto, doña Rosa es la menor de 5 hermanos, de una familia ligada al fundo San Carlos, por lo que su niñez y adolescencia estuvo asociada fuertemente al campo, dedicándose a trabajar desde muy pequeña, por lo que dice no pudo asistir al colegio. Siempre han estado las ganas de, a mi edad, poder aprender a leer y escribir, pero lamentablemente no tengo tiempo en estos momentos. Es algo que se ha ido postergando”, indica.

Eso sí, aprendió a cocinar a muy temprana edad, lo que sería fundamental en su vida tiempo después, ya que por muchos años se desempeñó como asesora del hogar en diferentes comunas de Santiago. Cuenta que también tomó cursos y talleres de cocina, a los que iba de oyente, y que en la práctica, le iba muy bien pues ya tenía los conocimientos al respecto, los que fue mejorando cada vez más con el tiempo.

Sobre cómo llega a hacerse cargo del comedor municipal de la Villa Diego Portales, sostiene: me había quedado sin trabajo por esos momentos, y me avisan que necesitan a alguien que capacite a una persona que trabajaría en el  comedor cuando éste recién se inauguró.  Bueno, esa personas estuvo tan solo uno 15 días… y se fue. Comenzaron a buscar a otra, pero ya con el tiempo, yo tomé ese lugar, y aquí estoy, hasta el día de hoy”.

“NADIE ESTÁ LIBRE DE CAER EN DESGRACIA”

Doña Rosa afirma que en su labor diaria ha conocido una gran cantidad de historias, así como de las necesidades de las personas, que muchas veces solo necesitan a alguien que los escuche. La gente a uno la condena mucho por dedicarse a esto. Me llegan comentarios por ejemplo, de ‘¡cómo se te ocurre ayudar a indigentes!’, pero yo les respondo que nadie está libre, el día de mañana, de caer en desgracia. Aquí mismo han llegado gente que antes eran abogados, pastores, etc. que han terminado viviendo en la calle”.

Diariamente, esta esforzada mujer entrega desde 80, 90, hasta 120 almuerzos diarios,  siendo ella misma además quien se encarga de las compras, de preparar la comida y de lavar: una tarea que si bien dice “es agotadora, gracias a la ayuda de vecinos se hace un poco más llevadera”.

Hace un mes, la puentealtina tuvo uno de los  golpes más fuertes de su vida: el fallecimiento de su hijo Marcelo, quien siempre comenta, la apoyó en su encomiable labor. La emoción es fuerte y doña Rosa no puede contener las lágrimas  al recordarlo, pero afirma que sabe que él se encuentra junto a ella en su día a día, dándole las fuerzas necesarias para continuar.

Una linda historia.