El comerciante y su familia lo pasaron mal con la pandemia el pasado año, puesto que su actividad económica se vio duramente afectada, pero ya se encuentran de pie una vez más. 

En la esquina de Balmaceda con 21 de Mayo, a pasos de la Cruz Roja y frente a la 1° Compañía de Bomberos Puente Alto, se encuentra el kiosco de Juan Guzmán Mellado, quien hace ya 10 años se dedica a la venta de confites, bebidas y diarios, labor que a la que también se sumó su familia: esposa e hija.

Tenemos otro local en Concha y Toro con Domingo Tocornal. En el kiosco de allá vendemos flores también. Ese lo trabaja mi esposa, el de acá es de mi hija, que no viene ahora porque está cuidando a su abuelita que trabaja en la feria en Maipú, mi suegra, que tiene casi 90 años”, señala el comerciante puentealtino, oriundo de San Patricio, un pueblito de Temuco, cercano a la cordillera.

Allá en el sur, don Juan ayudaba su padre en la lechería del fundo donde trabajaba su progenitor. A los 21 años se vino a probar suerte a la capital, llegando primero a la comuna de Cerro Navia. En el centro de Santiago, junto a un hermano, trabajó como ayudante panadero en la panadería “La Rosa Chica”, ubicada en Brasil con Rosas.

Con el tiempo conoce a quien sería su esposa, llegando a vivir a Puente Alto, al sector de Bajos de Mena. Cuenta que ambos administraron un almacén de barrio, el que también trabajaron como familia. Tras esa experiencia, luego se aventuraron a contar con los dos kioscos, probando suerte, yéndoles bastante bien.

Atiendo de 9 a 17 horas”, indica, mientras atiende a quienes se acercan a comprar -en donde el flujo de personas es constante- los que le preguntan principalmente por chocolates, bebidas, y el diario. Ahora la cosa está mucho mejor, puesto que nos tocó complicado el año pasado”, agrega.

Y es que tanto el estallido social en un primer momento, y posteriormente la llegada de  pandemia afectó al negocio familiar. Fueron tiempos difíciles la verdad. Con las protestas e incidentes, que llegaban a la Plaza de Puente Alto, a veces teníamos que irnos  a las 1 de la tarde, y con la primera ola de la pandemia tuvimos que cerrar. Ya este año  pudimos abrir nuevamente, y con el avance de fases en la comuna, las ventas han mejorado”, cuenta don Juan.

Me he reinventado varias veces en la vida, le he hecho a todo un poco para salir adelante. Esperamos que todo siga así”, concluye, esperanzado de que se avecinan tiempos mejores en su actividad.