Cae la última hoja del calendario y atrás quedan tiempos de aciertos y desaciertos de la vida, lo importante es el optimismo, la esperanza y la fe en Dios de tener un 2021 fructífero.

Se va el 2020. Cae la última hoja del calendario de los 365 días que, como periodistas, vivimos a full time, dejando paso al 2021, que se inicia cual cofre de sorpresas, de ilusiones y esperanzas, dejando atrás todo lo que nos pareció una pesadilla de este 2020, que nos trajo esta agotadora pandemia.

Para nosotros, que comentamos y escribimos la actividad provincial, el año que se va  está saturado de acontecimientos que quedaron sólo para el recuerdo anual. Porque en una redacción periodística es tal vez donde más cercanamente se toma el pulso a la vida, a través de la nerviosa información o el comentario siempre constructivo y bien intencionado, como corresponde a los puentealtinos que quieren a su terruño y desean fervientes verlo desarrollado.

La jornada fue dura. Un batallar incesante con todos los elementos que a veces se conjugan para hacer más complicada nuestra labor, en lo que por cierto tiene mucho que ver el asunto económico. No obstante, hoy como ayer, hemos salido adelante y nos disponemos a vivir y a escribir lo que acontecerá en el nuevo año.

Sin embargo, cuando la noche dé su último suspiro y los computadores queden silenciosos y la redacción esté en acabado desorden, uno no puede dejar de meditar aunque someramente en la jornada que tocó su fin. Es como si los duendes mitológicos hicieran de periodistas y nos fuesen refrescando la memoria y los acontecimientos sin recurrir para nada a los archivos. Meditamos. Y al final cuando los luceros titilan débilmente en el firmamento, nos fuimos cansados, pero satisfechos en busca de un breve descanso. ¿Cómo será este nuevo año que comenzará? Imposible predecir.

Pero también es la oportunidad para meditar en lo que será esta noche de las doce campanadas. En muchos hogares habrá alegría y tristeza. No estarán en torno a la mesa familiar todos los que son o lo eran, especialmente aquellos que se los llevó la maldita pandemia. Otros estuvieron lejanos. En los hospitales y en las cárceles habrá pena y dolor.

Y mientras el mundo rueda en esta tragicomedia de la vida, también habrá compatriotas nuestros que estarán compartiendo su sagrada misión, en la prensa, en la radio, en los cuarteles policiales, en las postas, en los hospitales, en la locomoción colectiva, en las compañías de bomberos y en fin en las heladas posesiones antárticas, sin poder vivir con los suyos los momentos maravillosos de la noche de las doce campanadas, como serán las de la mañana.

“Puente Alto al Día”, en todo caso, quiere ser como las cuerdas tensas de un violín para que sus notas transporten a cada uno de los vecinos y compatriotas, un saludo de afecto y de amistad, junto con el agradecimiento más sincero para nuestros lectores y avisadores que hacen posible que esta publicación que se hace, más que con el intelecto, con el corazón, salga a recorrer las calles de nuestra querida provincia.

¡Gracias y salud, amigos y autoridades!