Ha trabajado toda su vida, incluso ahora después de que un accidente grave lo dejara imposibilitado.

Pese al impedimento físico que tiene don Carlos Carrasco Barahona, 62 años, oriundo de Rengo, nunca le ha hecho el quite a la pega; hoy, lo encontramos cuidando autos en el estacionamiento del Jumbo de Elisa Correa, luego que, después del estallido social, cesara este mismo trabajo en los estacionamientos del Líder de calle Concha y Toro, en esta capital provincial. Sin duda, él es otro de los personajes típicos de esta ciudad que hemos elegido para dialogar, acerca de su vida y su actividad.

                Lo primero que don Carlos nos cuenta es que lleva 17 años en silla de ruedas, luego que sufriera un grave accidente cuando trabajaba operando una máquina pesada en obras mayores de la Universidad Adolfo Ibáñez. Su accidente lo obligó a usar silla de ruedas, pero no a dejar de trabajar; claro sí, cuenta que su rehabilitación no fue nada de fácil, ya que la melancolía lo tiraba para abajo, pero no para claudicar y dejar de ponerle el hombro.

                Le pedí a los médicos que no me dieran más licencia, para poder trabajar”, confiesa sinceramente, refiriéndose a una rehabilitación “personal” mediante una oportunidad laboral. Esto último lo alcanzó don Carlos, decidiéndose a cuidar autos en su silla de ruedas y así dejar de pensar en su impedimento y seguir con la vida adelante.

                Deja de referirse a su dolencia para contarnos que él vive en el límite de la comuna con La Florida, y que llegó desde la Quebrada de Macul a esta comuna, “salí justo un años antes que sucediera el aluvión, o sino no podría estar contando esto”, afirma. Don Carlos todos los días llega a los estacionamientos del mencionado centro comercial en calle Elisa Correa, para desempeñarse como cuidador de autos, contando con el aprecio de todos quienes ahí se desempeñan, especialmente de su “clientes”, que llegan en su vehículos para su buen cuidado.

                Respecto de sus clientes como él los define, señala que se portan bien, aunque para él no hay diferencia entre uno y otro, se le agradece igual a todos los clientes, porque no importa que uno me de cien u otro me de mil, igual se les agradece y, lo principal, me sirve como terapia todo esto”, señala don Carlos.

                Este personaje puentealtino, que habitualmente solemos encontrarnos en la calle, deja para el último para referirse a su familia, indicando que ha preferido llevar la fiesta en paz, aunque nada tiene que decir de sus hijo y de la que fue su señora, ya que estuvieron con él en momentos difíciles, “hasta el día de hoy aunque no estoy junto con mi señora, sigo teniendo buenas relaciones con ella… se porta bien”.

                Don Carlos asume que la vida no es color de rozas, yo creo que es menos que color de rosas, ya que si no le buscamos por aquí o por allá, no podemos surgir y salir adelante”.

                Con la sinceridad de don Carlos, para definirnos como es la vida para él, lo dejamos en medio del ajetreo navideño en el supermercado Jumbo, donde lo esperan sus clientes para poder estacionar y preferir hacerlo con él.

                Nos despide y nos señala, no se olviden de este impedido acomodador, que aquí, como siempre los esperará”. De esto último, estamos seguros, ya que no podemos olvidar el haber estacionado con don Carlos, pero por sobre todo esto, haberlo hecho con un señor de este servicio, muy culto y muy caballero para dialogar.

                “Hasta la próxima, don Carlos”.