El sacerdote, que  representa a la Iglesia Católica independiente en el país, es también conductor de la línea de colectivos 4043.

La Iglesia católica Apostólica Brasileña  fue organizada por el obispo Carlos Duarte Costa.  Siendo aún sacerdote católico romano, fue un duro crítico del régimen de Getúlio Vargas y de la amigable relación de la Santa Sede con los regímenes totalitarios. También predicaba contra el dogma de la infalibilidad Papal, a favor de una actitud más tolerante en cuanto al divorcio y por la libertad para que los clérigos se pudieran casar.

Fue el Papa Pío XII quien lo excomulgó definitivamente de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Sin embargo, Duarte ignoró la excomunión y, el 6 de julio de 1945, en la ciudad de Río de Janeiro, fundó jurídicamente la Iglesia Católica Apostólica Brasileña.  Semanas después, específicamente el 18 de agosto, lanzó su “Manifiesto a la Nación”: con los años, tomaría el nombre fuera de Brasil como la “Iglesia Católica independiente”, la que está presente hoy con representantes en Argentina, Uruguay, Paraguay Bolivia desde hace décadas.

En Chile, sus fundadores son los sacerdotes Jorge Santi y Marcelo Vergara. Este último en conversación con PALD señala que en Chile la orden se encuentra presente desde hace tres años. “Nuestra Capilla se encuentra en la comuna de La Florida, en donde realizábamos las misas y nos juntábamos con nuestros fieles, siempre que el gobierno lo permitiera en el contexto de la pandemia (…) Estamos reconocidos por el Ministerio de  Justicia y por la Ley de Cultos en el país”, sostiene.

El Padre Vergara además es conductor de la línea de colectivos Cielo Andino (4043) de Puente Alto, en donde su compañeros lo  laman  de forma afectiva “el curita colectivero”, en donde se ha ganado el cariño de sus colegas.

CURA OBRERO

-¿Cuánto tiempo lleva trabajando en la línea 4043?

-Llevo seis meses. Yo vengo del sur, de Puerto Montt, donde estuve trabajando en lo mismo por cinco años en colectivos de la ciudad, y puedo ver que la realidad de acá en Santiago es bien distinta a la de allá, pues en el sur eran más preocupados por sus choferes.

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