Su labor de toda una vida en la sección de remuneraciones y leyes sociales  en la empresa fue siempre muy bien valorada y reconocida, tanto por sus jefes como por sus compañeros de trabajo, ganándose su cariño y aprecio.

El 1 de julio de 1957 ingresa a la Papelera don Juan Pérez Ramos, con 21 años de edad, a ejercer funciones en la sección administrativa de remuneraciones y leyes sociales,      empresa en que estuvo toda su vida, y de la cual se siente profundamente agradecido, pues en ésta aprendió tanto valores como responsabilidades, además de forjar lazos y recibir el aprecio y cariño de sus compañeros tanto por su labor como por su persona.

“Al salir del colegio trabajé como unos seis meses en el Banco del Pacífico, en cuentas corrientes, en donde aprendí el tema contable y el rodaje en una oficina, lo que me sirvió muchísimo posteriormente. Un día fui a pedir pega a la Papelera a la gerencia en Santiago, y tras algunas entrevistas y exámenes, quedé seleccionado. Al ser uno de los mejores evaluados, me ofrecieron un puesto en Santiago o ir a la planta en Puente Alto. Elegí esta última, pues vivía en esos tiempos en La Florida y me quedaba más cerca”, indica don Juan, que tras dos años de servicio, se mudó a la capital provincial a una casa entregada por la CMPC.

Recuerda que la sección en la que se desempeñaba –remuneraciones y leyes sociales- le llamaban de forma coloquial “Siberia” “porque era muy estricta y fría”.  Cuenta que tuvo de jefe a don Juan Espinoza y a don Ernesto Alvear, conociendo por su labor a  mucha otra gente de renombre en la comuna, como también lo fueron don Armando Sandoval -quien fue regidor de Puente Alto- y a don Jorge Alessandri, que llegó a ser también presidente de la Papelera. “Cuando don Juan se fue, me quedé a cargo de la sección, lo que era harta pega y más responsabilidades”, subraya.

En su función de cajero y tesorero,  manejaba los dineros de la empresa, haciéndose cargo de los sueldos de los trabajadores, de contratistas, y de todos los trámites relacionados en este ámbito. Además, siempre estaba dispuesto a ayudar a sus compañeros en el ámbito económico, cuando alguno de ellos atravesaba por problemas financieros, necesitando por ejemplo un préstamo, lo que se encargaba de gestionar.

Fue también en la Papelera donde encontró el amor. “Siempre se estaba contratando gente para reemplazos, y fue en eso que conocí a mi señora, Fresia Gutiérrez, que llegó en el ’59 a cuentas corrientes, por lo que teníamos contacto bien seguido.  Empezamos a pololear y al año y medio nos casamos, ¡fue bien rápido todo!”, cuenta entre risas: la pareja cumplió en diciembre de  2019 sesenta años de matrimonio. De su relación nacieron tres hijos.

LABOR PARROQUIAL

El 4 de diciembre de 1995 don Juan presenta su renuncia voluntaria a la CMPC, pues según señala “venía ya hace tiempo trabajando solo y la carga era  bastante. Ya mis hijos tenían su vida hecha,  había recibido una pensión anticipada y tenía unos fondos. ¡No querían que me fuera pues!, pero mi decisión ya estaba tomada”.

Cuatro años después, el padre Juan Viel, de la Parroquia Nuestra Señora de Montserrat, -del sector de donde vive don Juan- golpeó su puerta, contándole que quería organizar la tesorería de la Parroquia, y dada su experiencia de años, le solicitó su ayuda.

Fue así como el ex trabajador papelero aceptó, haciéndose responsable de las cuentas, y de los ingresos y egresos de dineros recolectados, realizando además todos los trámites legales. “La Parroquia creció mucho, se realizaron arreglos, actividades, etc. Fue una muy linda labor de la que me siento orgulloso, en la que estuve hasta el 2016. La recuerdo con mucho cariño”, afirma.