El comerciante ha sabido levantarse de los golpes de la vida. “Hoy, soy una persona feliz”, asegura.

30 años lleva trabajando en el centro de Puente Alto José Farías Yánez (68), quien todos los días se levanta muy temprano en su hogar en Bajos de Mena, llegando a las 6 de la mañana a armar su puesto de venta de calcetas, calcetines sostenes, panties, bóxer y artículos similares, que se ubica en José Luis Coo, entre Santa Elena y Balmaceda.

“Mi hijo trabaja en el Transantiago, y se va tempranito al terminal que está en Cerro La Ballena, y aprovecho de irme con él. Soy el primero en llegar acá, y mi mercadería la guardo en una bodega acá al lado. Todos abren tipo 9 y yo ya estoy instalado pues”, comenta don José, quien labora de lunes a sábado hasta las 15.30 horas.

Si hay algo que destaca en su persona, es el esfuerzo y las ganas de salir adelante, producto de los golpes de la vida, pues confiesa que estuvo privado de libertad hace poco más de tres décadas.

“Estuve preso, y desde que salí, me puse a trabajar en la calle. Al principio fue complicado pues tenía que arrancar de las autoridades, pues no contaba con permiso. Por esos tiempos vendía paños de cocina, fui de los primeros en el centro, y me iba bastante bien. Con el tiempo, el señor Ossandón, nos dio permisos para poder instalarnos legalmente y ahí es cuando cambié el rubro. ¿Sabe? Yo sé que si uno tiene antecedentes la gente lo mira en menos, pero me propuse tirar pa’rriba y así fue. Me caí y supe levantarme”, sostiene con emoción.

Hoy asegura que es una persona feliz, optimista, y cuenta que tiene una familia maravillosa, que sus hijos le salieron “buenos cabros”, y que diariamente recibe  el cariño de su ya fiel clientela que ha cultivado con los años, así como el de sus colegas, en su querido puesto que se ha convertido prácticamente en su segundo hogar.

EL ESPERADO REGRESO

Pero no todo fue felicidad en este último tiempo, pues don José no pudo desarrollar su actividad diaria producto de la pandemia del Coronavirus. Recién hace un mes retornó al centro de la comuna, volviendo a retomar así su trabajo.

“Estuve seis meses encerrado, sin pega, ¡aburrido! Afortunadamente no me faltó para comer, y no lo pasé tan mal como otras personas. Desde que Puente Alto pasó a fase 2 que pudimos volver con mis otros compañeros. Acá todos nos echábamos de menos. ¡Si estamos acostumbrados a ver gente!” afirma, lo que de verdad se nota, pues don José mantiene una  sonrisa permanente en su rostro, lo que da cuenta de su carácter afable y amigable, del que bien saben sus colegas y clientes.