El puentealtino se desempeña hace más de 20 años  como  organillero, oficio que aprendió de Manual Lizana (fallecido recientemente), a quien considera “su amigo, su padre y consejero”.

El organillero es un músico callejero que se gana el sustento ejecutando un instrumento autómata constituido por un órgano de tubos portativo y un sistema mecánico de relojería, más conocido como organillo. Su principal función es itinerar por la ciudad llevando un repertorio de piezas populares generalmente bailables, de amplia aceptación entre el público citadino.

En Chile, el organillero es un patrimonio cultural del folklore nacional, con estricto apego a la tradición que se ha forjado en el país: don Gerardo Ulises Rivera Mansilla, puentealtino, es uno de ellos, quien se dedica a este tradicional oficio hace ya más de 20 años, quien además es el representante de la Corporación Cultural de Organilleros de Chile. 

Pero por estos días, un hecho en particular lo tiene acongojado, pues su mentor y uno de los organilleros –y fabricantes de organillos más reconocido en el país y el extranjero- Manuel Lizana, falleció el pasado 21 de agosto, dejando un gran vacío tanto en su persona como para sus compañeros: sin duda, una pérdida irreparable.

Cabe destacar que Manuel Lizana fue protagonista de muchos documentales, reportajes, programas de TV y colaboró con las nuevas generaciones de músicos y con los consagrados de la escena nacional, grabando álbumes o actuando en vivo.

Yo vivía en la calle, estuve mal cuando joven. Me recogió un pastor evangélico desde el Sótero del Rio, me llevó a Casas Viejas. Estuve un tiempo trabajando en las micros, y en una de las reuniones en la iglesia, conocí  a uno de los hijos de don Manuel Lizana, quien un día me invitó a su casa.  Su padre me acogió, y fue entonces cuando descubrí el mundo maravilloso del organillero. Comenzamos a trabajar juntos, íbamos para todos lados, tanto como  en Santiago y regiones”, recuerda Gerardo.

TESOROS HUMANOS

Fue así como don Gerardo surgió y pudo ponerse de pie, encontrando este tradicional oficio la razón de su vida. Todo lo aprendí de Manuel Lizana. Gracias a él soy la persona que ve hoy. Él fue mi amigo, mi padre y consejero. Nunca me negó un pan, un plato de comida ni una prenda de vestir. Siempre confió en mí. Su partida me duele mucho”, señala visiblemente emocionado.

Dice que ama lo que hace, y que el oficio de organillero es una tradición que lamentablemente se  ha ido perdiendo en el país.

Somos pocos organilleros en Chile en estos momentos, cerca de 29 estamos catalogados como ‘tesoros humanos vivos’. La pandemia también nos afectó bastante, pues nuestro trabajo está muy desprotegido, no contamos con sistema de previsión ni salud, pero aquí estamos una vez más saliendo adelante”, comenta don Gerardo, quien actualmente se mueve por diversas comunas de Santiago, y a quien puede toparse junto a su fiel “lorito” cerca del centro de Puente Alto los fines de semana.