Desde hace casi medio siglo que Óscar Leiva se desempeña como cuidador del Cementerio Católico de Bajos de Mena, desarrollando diversas labores.

“Toda mi vida prácticamente la he pasado en el Cementerio de Bajos de Mena”, comenta Óscar Leiva, próximo a cumplir 64 años, un puentealtino de tomo y lomo, nacido en el fundo San Guillermo, el cuarto de quinto hermanos, que ya desde hace 50 años es el cuidador del camposanto.

Cuenta que su familia se fue a vivir en los años 60 frete al cementerio, y sus padres fueron los cuidadores del recinto, labor que el “heredó” posteriormente, pues de niño estuvo ligado al lugar.

“Acá si bien soy el cuidador, hago de todo en verdad, desde la construcción de mausoleos, nichos, así como reducciones, sepultaciones, mantenciones varias, etc.  Puedo decirle que con mi padre levantamos medio cementerio”, afirma, recordando que lo aprendido en materia de construcción de obras se lo debe a don Exequiel Palma, “un maestro que venía desde Recoleta hasta acá, allá por principios de los años ‘70. De niño lo miraba trabajar, y él me enseñó con el tiempo. Todo lo demás lo fui aprendiendo más bien, de forma autodidacta”.

Si hay aspecto que le gusta de su “pega” a don Oscar –de la cual dice se siente ya más acostumbrado, considerando al cementerio su segundo hogar- es la tranquilidad del espacio donde trabaja. Asimismo, son tantos años ya, que sus tareas diarias se extienden a veces por una semana completa, las que tiene más que asimiladas, considerándolo sus jefes una persona de total confianza, responsable y trabajador.

“He sepultado a medio Puente Alto”, comenta entre broma y en serio. “A varios personajes ilustres, antiguos. También me tocó traer a los Mena desde la Iglesia San Pedro Nolasco, los dueños del cementerio, pues sus restos se trasladaron luego del terremoto del ‘85, que prácticamente botó la Iglesia”, agrega.

PANDEMIA Y FUTURO

Uno de los momentos más “amargos” por los que ha atravesado Óscar Leiva en su trabajo de décadas en el Cementero Católico de Bajos de Mena, fue en el período de cuarentena a inicios de la llegada de la pandemia del covid-19 al país, en el año 2020. “Era muy triste ver que las familias no podían despedirse de sus seres queridos como correspondía. Las ceremonias eran muy cortas, por temas sanitarios. Los trabajadores del cementerio nos vestíamos con trajes, ropa especial, botas y guantes, resguardando todos los protocolos. Puedo decir orgullosamente que acá en el trabajo nadie se contagió en esos momentos tan difíciles, ni un resfrió nos dio”, afirma.

Ya pronto a la edad de jubilación, don Óscar está viendo los pasos a seguir en el futuro. “Mis hijos quieren que me vaya a la playa, a vivir con ellos, a descansar tras todos estos años de esfuerzo, pero la verdad yo creo seguiré en el cementerio… ¡es que esto ya es parte de mi vida! ¿Para qué me voy a ir a aburrir a otro lado? Y si un día de estos me voy de este mundo, volveré a acá mismo, puesto que mi familia está aquí, así que seguiré ligado a este lugar”, concluye.