Tras su trabajo de toda una vida en el SII, al jubilar decide viajar y conocer el mundo, guardando experiencias maravillosas, no arrepintiéndose para nada de tal decisión.

Purísima Castillo Valenzuela (76) es una puentealtina nacida y criada en la comuna. Hija de padre papelero y  madre dueña de casa, fue la segunda mayor de sus 13 hermanos, por lo que de joven asumió labores de crianza, ayudando a su madre y a su tía Carmen, quien también fue una mujer muy importante en su vida para llegar a ser quien es hoy en día.

“Mi bisabuela Emilia Canelo Nieto era dueña de muchos terrenos en Puente Alto, fundos por esos años, que hoy son parte donde se ubica la Papelera. Pero, ¿sabe? se casó con un caballero Ureta,  que era bueno pa’l  juego  y lamentablemente perdió muchas de sus propiedades”, cuenta doña Purísima.

Sus estudios los cursó en la Escuela Consolidada y luego en el Liceo Manuel Bulnes en Santiago. Luego ingresaría a la Universidad de Chile a estudiar Artes Aplicadas, egresando como dibujante técnico, realizando la práctica en el Servicio de Impuestos Internos, organismo en el que trabajó toda su vida hasta jubilar en el 2010.

“Pase por diversos departamentos en el SII”, comenta. “Había una escuela de contabilidad en la misma empresa, y ahí nos capacitaban, rindiendo posteriormente los exámenes en la Escuela Superior de Comercio. Recuerdo comencé en evaluaciones, luego en la sección de  delitos tributarios, y trabajaba en la oficina que estaba al lado de La Moneda. “A los 20 años de servicios pedí un traslado para el sector de Santa Rosa, pues la verdad los viajes de Puente Alto al centro me estaban matando… ¡me demoraba cerca de una hora y media! En esos tiempos no había aún metro en la comuna pues”, agrega.

            Cuenta que con el tiempo nuevamente pidió un nuevo traslado, arribando esta vez a Valparaíso, en donde afirma “vivió los mejores años de su vida”, pues “la vida era  más tranquila y estaba todo cerca. Además, estudio auditoria, e ingresó posteriormente al Club de Rotarios de la ciudad, en donde desarrolló una destacada labor social, un lado no explorado todavía, sobre todo con familias vulnerables que habitaban los cerros de la ciudad puerto.

NUEVOS RUMBOS

Tras jubilar, doña Purísima regresa desde la Quinta región a su natal Puente Alto, alcanzando a compartir con su querida tía Carmen -quien la crió- acompañándola hasta su muerte, sintiéndose una afortunada, pues su cariño por ella era inmenso.

Con una “buena platita” recibida por el trabajo de toda una vida, doña Purísima se decide a viajar: si bien ya estando en el SII había podido conocer países como Bolivia, Brasil y Ecuador, decide emprender rumbos al viejo continente, viajando en varias ocasiones a Europa, continente que dice conocer “casi por completo, pues solo me falta ir a Inglaterra. ¡Ah!, también en estuve en Egipto y Jordania, lugares, maravillosos. Ahora tenía ganas de  ir a Grecia, la idea era hacerlo en un viaje en crucero, peor con lo que está pasando ahora está bien difícil si pues”.

En estos periplos al extranjero siempre iba acompañada por una hermana  a quien describe como su “partner”. “En algunas ciudades me quedaba harto tiempo, como en Madrid, donde estuve 4 meses por ejemplo. Y Chile también me lo recorrí casi completo. Lo que me gustaría conocer y me falta es la Isla Juan Fernández que creo debe ser preciosa”, señala.

Consultada por su situación sentimental, dice que nunca se casó, por lo que sigue soltera. “¿Para qué me iba a casar si tuve 13 hermanos? ¡Ellos eran como mis hijos pues!”, dice entre risas.